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domingo, 24 de julio de 2011

BLACKTHORM. SIN DESTINO

La ucronía de un forajido legendario, Butsh Cassidy, que en la posteridad defenderá el bien, la lealtad y la justicia. Una mirada nostálgica de Mateo Gil al western, en un escenario espectacular como el altiplano boliviano, con una fotografía de Juan Ruiz Anchía a la altura del paisaje.

Grandes referentes: Ford, Hawks, Leone, Pekinpah, Roy Hill, Sidney Pollack… y un homenaje aburrido a todos ellos. Un proyecto ambicioso, apuntalado en los convencionalismos del género. Una lástima, el guión de Miguel Barros prometía hasta la aparición del primero de los múltiples e inexpresivos flashback de la película.

Sam Shepard encarna (al pelo) al protagonista. Un viejo vaquero que, por un breve momento antes del fin, siente volver a sus viejas ilusiones y energías, impulsado por quien cree es la reencarnación del pasado, de sus antiguos amigos e ideales. Y ese personaje, el joven ingeniero de minas protagonizado por Eduardo Noriega (quien pone las mismas caras de siempre), que, irónicamente, procede de la vieja Europa, es quien le hace ver el futuro: un futuro donde los términos morales se confunden peligrosamente con el propio beneficio. Completa este elenco estelar Stephen Rea, quien hace de sheriff irlandés (no vean la versión doblada), y cuyas motivaciones desconocemos.
 
En fin, "Blackthorm. Sin destino", parece el guiño de Mateo Gil a su amigo Amenábar.

(2011)

jueves, 9 de diciembre de 2010

TESIS

Película con la que debuta un novel Alejandro Amenábar en el cine, apadrinado por José Luis Cuerda. Y lo hace sobre los andamiajes de un género ya llevado a su esplendor por el maestro Hitchcock. Con lo cual, pese a que toda primera obra merece el beneplácito de la duda antes de discutir sobre el talento o no de su perpetrador, tengo en cuenta que todos los resortes del género ya han sido hallados, y que la búsqueda de una narración cinematográfica novedosa, propia del director que empieza, en este filme es poquita. Con esta Tesis, dudo que, Amenábar, lograra doctorarse, valga el juego de palabras. Me aventuro a decir que si esta “Tesis” lo fuese de su autor para doctorarse, se quedaría en licenciado. En su propósito de intrigar al espectador, Amenábar balbucea como un niño que imita los sonidos de la madre. Un guión naif, con personajes a los que, en principio, se les presupone un nivel intelectual y cultural alto, universitarios de último año de carrera, estudiante de doctorado, profesores de facultad, resulta que reaccionan igual que adolescentes, pensando en blanco y negro. Se suceden persecuciones en la pantalla un tanto absurdas, que llevan al espectador a preguntarse desde el comienzo por: ¿Qué temor tiene… Cuál es el temor de …un profesor de Comunicación Audiovisual de sacar una cinta de la videoteca… que accede a los fondos de la videoteca para sacar una cinta? ¿sufre… Es que sufre… será manía persecutoria… el hombre? Amenábar elige como tema para la película el mismo que trata su personaje protagonista en una tesis doctoral: la violencia audiovisual. Lástima que ese planteamiento, que podría haber desarrollado y convertido…, con el talento necesario,… en un discurso apasionante, al final se queda en una pequeña pincelada, en cuanto a crítica hacia ese morbo execrable del que son culpables espectadores y, sobre todo, medios de comunicación. Y sobre el que Amenábar ironiza con acierto, introduciendo una cartel que reza: “les advertimos que las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del público…”, antes de que el telediario emita una horrible snuff movie.


 (1996)

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