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domingo, 24 de julio de 2011

BLACKTHORM. SIN DESTINO

La ucronía de un forajido legendario, Butsh Cassidy, que en la posteridad defenderá el bien, la lealtad y la justicia. Una mirada nostálgica de Mateo Gil al western, en un escenario espectacular como el altiplano boliviano, con una fotografía de Juan Ruiz Anchía a la altura del paisaje.

Grandes referentes: Ford, Hawks, Leone, Pekinpah, Roy Hill, Sidney Pollack… y un homenaje aburrido a todos ellos. Un proyecto ambicioso, apuntalado en los convencionalismos del género. Una lástima, el guión de Miguel Barros prometía hasta la aparición del primero de los múltiples e inexpresivos flashback de la película.

Sam Shepard encarna (al pelo) al protagonista. Un viejo vaquero que, por un breve momento antes del fin, siente volver a sus viejas ilusiones y energías, impulsado por quien cree es la reencarnación del pasado, de sus antiguos amigos e ideales. Y ese personaje, el joven ingeniero de minas protagonizado por Eduardo Noriega (quien pone las mismas caras de siempre), que, irónicamente, procede de la vieja Europa, es quien le hace ver el futuro: un futuro donde los términos morales se confunden peligrosamente con el propio beneficio. Completa este elenco estelar Stephen Rea, quien hace de sheriff irlandés (no vean la versión doblada), y cuyas motivaciones desconocemos.
 
En fin, "Blackthorm. Sin destino", parece el guiño de Mateo Gil a su amigo Amenábar.

(2011)

domingo, 6 de marzo de 2011

GRUPO SALVAJE

Abandonar a un compañero nos sitúa al nivel de los animales”, sentencia Pike, tras perder a varios de sus compinches en un atraco fallido, sacrificar a uno de sus jinetes malherido, y abandonar a otro en un banco sitiado. El lider trata de mantener unida a la banda, de darle consistencia ética, esto los situará por encima de las alimañas, lo que contrasta con su condición de delincuentes y asesinos. Peckinpah escoge el western, por ser un género que se desarrolla en grandes espacios abiertos y deshumanizados. Y lo emplea para hacer una gran travesía elidida, conduciéndonos de unos lugares habitados a otros. No es el escenario lo que Peckinpah nos quiere mostrar, sino las personas, que habitan en medio de esos desiertos. Y cómo la desesperación por la injusticia los empuja a montar sus caballerías, y a partir en busca de un nuevo orden, al otro lado de sus revolveres. Un alegato anti-imperialista.
Decía Howard Hawks que en lo que moría un pistolero en una película de Peckinpah él resolvía un tiroteo. El atraco al banco, la irrupción suicida en el corazón del ejército enemigo para rescatar a un compañero, se convierten, gracias al montaje, en un tiempo detenido en el ojo de la vorágine.

(1969)


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