domingo, 30 de octubre de 2011

TODOS ESTAMOS INVITADOS

Habla mudita, Camada negra, Sonámbulos, El corazón del Bosque… para llegar a esta cinta que parece rodada por un excursionista. Uno piensa que mejor que su director no acepte más películas por encargo, o se jubile, antes de salirse de la sala. En la pantalla un tema potente como es el  terrorismo en la sociedad vasca, junto a una reflexión trivial y un desaprovechamiento de las posiblilidades del género, unos personajes inverosímiles, y unos diálogos para ponerles de comer aparte. Entre medias, es decir, en lo que ocupan los puntos suspensivos, supongo que el declive de una bonita carrera.

 
(2008)

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viernes, 21 de octubre de 2011

MIENTRAS DUERMES

Mientras duermes en tu butaca te estás perdiendo el cuento de caperucita en la pantalla. Una caperucita crecidita (Marta Etura), de buen año, emancipada, que se ha convertido en diseñadora, ingeniera o arquitecta y vive sola. La víctima propicia del lobo feroz (Luis Tosar) -ojo al análisis freudiano de Jaume Balagueró- quien la espera cada noche bajo la cama, la droga, y hace con ella lo que quiere.
La motivación que subraya a cada minuto el psicópata es que no puede ser feliz y, lo único que le alivia, es que los demás tampoco lo sean. Por consiguiente, le va a borrar esa absurda sonrisita a la buena de caperucita de la cara. Al espectador le resbala que al prota le vaya mal en el curro, que tenga una madre lisiada, o que haya tenido un intento de suicidio ¿Todo eso para crear empatía?  Lo más ingenioso de la trama de Alberto Marini es que el lobo sea el portero, que tiene copia de todas las llaves de las puertas de la finca, y no tiene que soplar y soplar. Lo que menos, los rótulos para hacer notar el paso de los días en la ficción... o quizá sea para diferenciarlos. Los diálogos sobran en su mayoría. La señora, madre del psicópata (Margarita Rosed), encamada y entubada, forzada confidente del protagonista, no se sabe muy bien qué pinta en la película. O sobra ella, o el monólogo interior del hijo puñetero retransmitido en off. La dirección de actores: asignatura pendiente de Balagueró en todos sus filmes. El guión redundante y previsible, a modo de TV movie, ¿acaso un manual de cómo usar todos los recursos disponibles del género con desatino?, ¿o el corolario a la hipótesis de que después de “Psicosis” no hay nada que hacer? Lo más irrisorio es la venganza del prota hacia la señora de los perritos (Petra Martínez), una venganza de rellano de escalera: “vieja solterona infeliz”, le canta en la contumelia. Ella se va con la lágrima tras la oreja. Desde el punto de vista del violador, acosador, manipulador, asesino, asalta casas, etc. el trato a la niña (Iris Almeida), testigo de sus crímenes, y chantajista ocasional, puede considerarse de políticamente correcto, pero no hay dios que se lo trague. La cinta, por cierto, está plagada de reacciones inverosímiles por parte de sus personajes. Véase la incompetencia de la policía investigando el crimen, digna de TBO. Desde la fotografía resultan interesantes algunas atmósferas, pero su director, Pablo Rosso, abusa demasiado de la luz de relleno, cuestión de gustos. Un filme de suspense suspenso, por no agotar aquí los juegos de palabras fáciles.


(2010)

domingo, 2 de octubre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA

Este canto a la vida de Malick dura 138 minutos. Tirando de lupa, telescopio, microscopio y caleidoscopio, como el infante que devendrá poeta, el cineasta demostrará que la creencia no es un modo arbitrario de acercarse a la realidad, sino que implica una profunda intuición de la misma. La noticia de la muerte del hijo baña a una madre en una crisis de fe. “…En lugar de curar las heridas, dios manda moscas…” Esto le sucede a una familia burguesa en Texas, años 50. Palma de Oro en el Festival de Cannes, se ha comparado a su director con Tarkovski. Una madre llena de gracia que trata de infundir en sus vástagos el amor a la existencia. Un padre autoritario que lacera el corazón de sus hijos con el rigor de su amor. Y unos niños vulnerables en la senda de la vida. Maravillosa sucesión de postales, fotografía de Lubezki. El sol es un lugar en el que se ha detenido, otros son los árboles y los animales, así es dios. Malick parece querernos explicar el sentido de la vida y del mundo con mejor caligrafía que un nativo americano analfabeto, y logra hacerlo con menor mesura claro está. Una puesta en imágenes de la música, un detonante de recuerdos, como es la palabra muerte, un diálogo con dios, un distanciamiento del espectador hasta los orígenes mismos del universo y un chiste de dinosaurios entremedio. El discurso de Malick es, hacia el final, de una espiritualidad rayana en el anuncio de compresas.

(2011)


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domingo, 24 de julio de 2011

BLACKTHORM. SIN DESTINO

La ucronía de un forajido legendario, Butsh Cassidy, que en la posteridad defenderá el bien, la lealtad y la justicia. Una mirada nostálgica de Mateo Gil al western, en un escenario espectacular como el altiplano boliviano, con una fotografía de Juan Ruiz Anchía a la altura del paisaje.

Grandes referentes: Ford, Hawks, Leone, Pekinpah, Roy Hill, Sidney Pollack… y un homenaje aburrido a todos ellos. Un proyecto ambicioso, apuntalado en los convencionalismos del género. Una lástima, el guión de Miguel Barros prometía hasta la aparición del primero de los múltiples e inexpresivos flashback de la película.

Sam Shepard encarna (al pelo) al protagonista. Un viejo vaquero que, por un breve momento antes del fin, siente volver a sus viejas ilusiones y energías, impulsado por quien cree es la reencarnación del pasado, de sus antiguos amigos e ideales. Y ese personaje, el joven ingeniero de minas protagonizado por Eduardo Noriega (quien pone las mismas caras de siempre), que, irónicamente, procede de la vieja Europa, es quien le hace ver el futuro: un futuro donde los términos morales se confunden peligrosamente con el propio beneficio. Completa este elenco estelar Stephen Rea, quien hace de sheriff irlandés (no vean la versión doblada), y cuyas motivaciones desconocemos.
 
En fin, "Blackthorm. Sin destino", parece el guiño de Mateo Gil a su amigo Amenábar.

(2011)

sábado, 4 de junio de 2011

EL COCINERO, EL LADRÓN, SU MUJER Y SU AMANTE

«Siento una gran antipatía hacia el cine naturalista, hacia el
realismo, que creo que es una quimera que jamás se llegará
a obtener. Al tener una cámara en las manos, el mundo
cambia. Entonces, ¿por qué no coger el toro por los cuernos
y asegurar que lo que estás creando es un artificio?»
Peter Greenaway.

La venganza es un plato que se sirve frío: esta parece ser la premisa de una película rococó, en el sentido más francés del término, como “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”. Donde la comida y el sexo son el macgufing de la historia. De una puesta en escena peculiarmente teatral, con un uso obvio del color en la fotografía, que se subraya hasta el paroxismo desde vestuario (las ropas de los personajes, diseños de Jean-Paul Gaultier, mudan la color según se hallan en una estancia u otra). “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” resulta a la vez: cómica y obscena. Le vienen a la cabeza al espectador referentes como: “La grande bouffe” de Marco Ferreri, o “El discreto encanto de la burguesía” de Luis Buñuel, y otras pelis para las que “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”, supongo, habrá sido referencia obligada: “Delicatessen” de Jean Perre-Jeunet y Marc Caro, y “Hannibal” de Ridley Scott, por ejemplo.

De hecho, centrándonos en su vertiente de comedia (negra, irónica, soéz, recargada, delirante, etc., cómo quierase clasificar), podría interpretarse como una crítica a la hedonista sociedad francesa por parte inglesa: los rectos ingleses con su sentido del humor inglés. Un filme sincrético, que concilia el placer por lo bello con lo puramente escatológico. Donde un estorsionador excéntrico, que gusta del refinamiento, sin paladar para apreciar las más exquisitas obras de arte, mantiene esclavizado a todo un restaurante, rodeado por sus violentos: el talento sometido por la incultura (algo tan actual para el Arte). Y un “chef”, a la vez celestino y “voyayer”, que se deleita con el adulterio entre una mujer maltratada y un librero vestido de marrón. Cualquier elemento de la peli contiene una fuerte carga simbólica: los furgones, uno de la carne y otro del pescado, el cuadro flamenco de Fran Hals (“The Banquet of the Officers of the St. George Milita Company”), que preside el comedor del restaurante, el niño castrati, que friega los platos, el libro sobre la revolución francesa, que atraganta al amante, el dinero sobre la mesa, un simple tenedor, una botella de vino, etc. Una cocina velazqueña, un sofisticado comedor rembraniano. El rojo de las pasiones, el verde de la naturaleza, el blanco de la pureza, el negro del horror… Todo puesto al servicio del más puro artificio, por el, posiblemente, más pedante de los demiurgos. El espectador, mayormente mundano: nada me creo, nada me sobrecoge, nada me da asco en esta obra, donde todo está demasiado exagerado. Y ¿acaso no es esa propia exageranción el quic de la película, que busca ir más allá de tabúes? Aunque a estas alturas de Historia pocas cosas nos sorprendan, dicho planteamiento puede parecer menos transgresor que en otras épocas.

Con una concepción pictórica del plano cinematográfico, Greenaway, recrea un grandilocuente escenario por el que ruedan virtuosos travellings laterales, siempre desde el punto de vista del espectador, dotando a la obra de un tono teatral, o mejor dicho, junto a la partitura de Michael Nyman, de un tono casi operístico (véase la escena en la que el malo pone al niño a cantar contra una claraboya y ésta queda enmarcada en el cuadro por las cortinillas del teatro a la italiana). Equilibradas simetrías, composiciones elegantes, vestidos de alta costura, luces espectaculares, podríamos decir que una búsqueda obsesiva de Greenaway por la expresión plástica de su obra (hasta los cuerpos desnudos de los amantes son acreedores del canon fisonómico de los modelos del siglo XVII). Y una puesta en escena del mal, encarnado por Albert Spica, que se hace el solo más de la mitad de los diálogos de la película. Donde se apela continuadamente al intelecto y al bagaje cultural del espectador mientras se le castigan los hígados.


(1989)
 

domingo, 10 de abril de 2011

MALAS TIERRAS

Ópera prima de Terrence Malick, basada en la figura de un famoso asesino en serie de EEUU, huido de la justicia junto a su novia adolescente, a finales de los años cincuenta. Una huida que puede leerse, según el manual, como un viaje al destierro vital en las badlands (visualmente, Malick compara lo grandioso del paisaje con lo miserable del ser humano), una andadura sin retorno, y sin posibilidad de redención para sus protagonistas, que van dejando la carretera sembrada de cadáveres hasta la silla eléctrica. 
Martin Sheen hace aquí el papel de su vida (se le saltaron las lágrimas cuando se lo dieron) interpretando a un joven que, para irse con la chica, mata al padre de ésta. La secuencia es magnífica. El padre los descubre, a los dos, en la casa, enjaretando el equipaje de la chica para fugarse... y el joven, de gatillo fácil, saca una pistola… Del exterior entran las luces de una tarde radiante. La muchacha apenas sabe cómo reaccionar. Pregunta si su padre “¿está tan mal?”. En un corte percibimos el paso del tiempo, la luz anaranjada del ocaso sobre el cuerpo del padre en el suelo. Otro corte y anochece. Rocían con gasolina el domicilio, el fuego brilla en la oscuridad mientras la pareja sube al coche. Algo así imitó Oliver Stone en Asesinos natos. La voz en off de la chica (que encarna Sissy Spacek) pone el contrapunto inocente a esta inquietante historia.
 


(1973)

sábado, 12 de marzo de 2011

GOTHIC

«Pasé el verano de 1816 en las inmediaciones de Ginebra. La temporada era fría y lluviosa,
y en las noches nos amuchábamos alrededor de una espléndida fogata y a veces nos 
entreteníamos leyendo una colección de cuentos alemanes que había caído en nuestras 
manos por azar. Estos cuentos despertaron en nosotros un lúcido deseo de imitación. 
Otros dos amigos (un relato de cualquiera de ellos sería mucho  más aceptable 
para el público de lo que yo pueda llegar a producir alguna vez) y yo acordamos 
escribir cada uno una historia fundada en algún acontecimiento sobrenatural.»
Percy Shelley

Según la leyenda, Frankenstein habría nacido de una orgía de imaginaciones exaltadas en la apartada y aristocrática mansión de Suiza donde se reunieron Byron, Polidori, Claire Clairmont, Percy y Mary Shelley. Es interesante ver la interpretación visual que hace Ken Russell del impulso creativo que culmina en la escritura de una obra literaria, algo tan difícil de llevar a la pantalla, y que, con frecuencia, no se logra, pero es interesante ver el intento.
Es el retrato de aquellos poetas en el paroxismo de su romanticismo, a punto de morir por los delirios y excesos, con un puntito muy setentero, por aquello del aperturismo de la percepción, el amor libre, etc. Shelley es el adicto al láudano que vive al extremo, débil a la par que emocionalmente arrebatado; su esposa es la más cuerda del grupo, pero carga con el lastre de haber perdido un hijo, hecho que la atormentará hasta la tumba; Claire es simplemente la ficha manipulada, y finalmente destruida por las circunstancias despertadas en medio de la tormenta; Polidori es una criatura sumamente repulsiva, su comparación con un cerdo no es gratuita, cuyas tendencias sexuales son padecidas con culpas religiosas; y Byron es, por supuesto, la encarnación del vampiro polidoriano, un dandy elegante pero que vive a costa de la manipulación de los demás, llevándolos a la destrucción por simple placer. Si bien nada de esto debe tomarse al pie de la letra, parece que cada una de esas características tenía espejo en sus referentes.
Si analizamos más allá del gran placer estético, por lo grotesco, que esta película depara (algunos cambiarían el título de Gothic por el de Erothic, vean pezones con ojos, armaduras fálicas, bailarinas mecánicas, yacer con un fauno, etc) podemos apreciar, además, una reflexión sobre el papel del creador como especie de dios, y el alto precio que se puede llegar a pagar por atreverse a crear y luego eludir la responsabilidad sobre su criatura. Esta elusión de responsabilidades, encarnada en la criatura nunca vista pero sí presente, es la que finalmente, según nos dice Russell, persiguió y la que acabó trágicamente con las vidas de los personajes de la película.

 (1986)

domingo, 6 de marzo de 2011

GRUPO SALVAJE

Abandonar a un compañero nos sitúa al nivel de los animales”, sentencia Pike, tras perder a varios de sus compinches en un atraco fallido, sacrificar a uno de sus jinetes malherido, y abandonar a otro en un banco sitiado. El lider trata de mantener unida a la banda, de darle consistencia ética, esto los situará por encima de las alimañas, lo que contrasta con su condición de delincuentes y asesinos. Peckinpah escoge el western, por ser un género que se desarrolla en grandes espacios abiertos y deshumanizados. Y lo emplea para hacer una gran travesía elidida, conduciéndonos de unos lugares habitados a otros. No es el escenario lo que Peckinpah nos quiere mostrar, sino las personas, que habitan en medio de esos desiertos. Y cómo la desesperación por la injusticia los empuja a montar sus caballerías, y a partir en busca de un nuevo orden, al otro lado de sus revolveres. Un alegato anti-imperialista.
Decía Howard Hawks que en lo que moría un pistolero en una película de Peckinpah él resolvía un tiroteo. El atraco al banco, la irrupción suicida en el corazón del ejército enemigo para rescatar a un compañero, se convierten, gracias al montaje, en un tiempo detenido en el ojo de la vorágine.

(1969)


lunes, 14 de febrero de 2011

MULHOLLAND DRIVE

Una actriz perdida en un “mundo de sueños”, capaz de poner en juego su propia identidad por el amor de su vida. La recreación de una conciencia que no quiere aceptar la realidad. Y una puesta en escena excepcional por parte del más romántico Lynch, que nos habla del cine dentro del cine.

(2001)

miércoles, 26 de enero de 2011

THE WALL

«I don't need no arms around me
I don't need no drugs to calm me
I have seen the writing on the wall
Don't think I need anything at all
No don't think I'll need anything at all
All in all it was all just bricks in the wall
All in all you were just bricks in the wall»
Roger Waters

Basada en el álbum homónimo de Pink Floyd, este musical dirigido por Alan Parker, con animaciones de Gerald Scarfe, nos habla sin palabras de la alienación.

Érase una estrella de rock llamada Pink, que se convierte en antihéroe traumatizado por la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial, por la sobreprotección de su madre, por la opresión del sistema educativo británico, por los fracasos sentimentales, por la violencia, por las drogas, por lo banal de su vida de superestrella… Ladrillos de un muro que lo aísla y lo protege, en un mundo de fantasía autodestructiva.

Contada en continuos flash back, apuntalada por las canciones de Pink Floyd, con animaciones alegóricas, que irrumpen de vez en cuando en la pantalla, dando una nueva dimensión a las emociones, hace que pensemos, en ocasiones durante el filme, que estamos presenciando un largo videoclip. Y tal vez sea así, una manera pegadiza de denunciar la sociedad que nos rodea (cabe recordar que aún estaba en pie el Muro de Berlín, el año en que se estrenó la película). Una llamada al espectador para que se levante de su butaca e intente derribar ese muro, físico o invisible, que nos condena.

 (1982)
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martes, 11 de enero de 2011

TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MÍ

Con un buen título, para un grupo de facebook, debuta Jonás Trueba en la gran pantalla. De familia de cineastas (gran losa), el joven Jonás siempre será juzgado por ser “hijo de”, y no por lo que hace. Vagará por su cinematografía, condenado por las injustas críticas de frustrados y envidiosos, pero con la bendición de ser financiado en un proyecto, que en condiciones normales habría llegado, a lo sumo, a cortometraje de fin de carrera.

La historia es la de un chico que trata de olvidar a una chica mientras se zumba a otras (el amor siempre es doloroso). “Todas las canciones hablan de mí” alude a ese estado de ánimo, de romanticismo al uso, aquel de cartas de puño y letra. El protagonista, atrincherado entre libros, está harto de pensar en lo que podrá ser, y quiere vivir el momento. Entre medias, referencias literarias, momentos musicales, guiños al gran cine... Aunque no tiene malogrado el gusto este Jonás, se encuentra falto de naturalidad, de mordacidad y de fotografía, en un ejercicio de estilo pretencioso.


(2010)


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viernes, 31 de diciembre de 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA

La trillada historia del payaso que se enamora de la bailarina. Un presupuesto por las nubes. Un director, Álex de la Iglesia, que se cree Fellini, y que sea homenajea a sí mismo con escenas que recuerdan a otras de sus películas, como ya le pasó a Almodóvar. Otro pez gordo del cine español cuyo ego canibalizó al cineasta. ¿Acaso querrán medírsela con Berlanga o Buñuel?

Desde mi punto de vista, humilde pero serio, este director que utiliza la memoria histórica de trasfondo para su película, se  podría haber metido sus metáforas por el orto. A medio camino entre el TBO y la criatura de Stephen King (léase, la estructura y consistencia dramática del primero; y el manierismo, del segundo), “Balada triste de trompeta” es un “truño” (expresión que robo a un compañero de butaca) magnífico.

El mérito de haber logrado el premio al mejor guión y director en Venecia lo tienen los productores, supongo, a la hora de untar manteca. Secuencias que no se entienden, personajes que realizan acciones incomprensibles, casualidades por las que avanza la historia, etc. Una película que demuestra, una vez más, que en el cine español no hay muchas pelis buenas, pero sí -excepción hecha de sus directores- buenos profesionales detrás de las cámaras. Destacable aquí: la dirección artística, el vestuario, el maquillaje, el sonido, los  efectos especiales, la foto (aunque se la han metido doblada a Kiko de la Rica montando algunos planos donde son evidentes las fuentes de iluminación), la postproducción, e incluso los créditos iniciales.

Para reírse del cine español, más barato hincharse de yerba y abrir un blog.


(2010)


miércoles, 29 de diciembre de 2010

LA BANDA SONORA

Al principio de los tiempos, cuando bajamos de los árboles, la música estaba con nosotros con su extraña fuerza, invisible y misteriosa.

Algunas tribus africanas aplicaban un ritmo endiablado de trance a sus cautivos, sincopando el de sus corazones, durante toda la noche. Al empezar, de forma pausada y, poco a poco, creciendo, hasta que morían al amanecer.

Romper el hielo de la imagen en silencio, ha sido siempre el propósito de la música en el cine, porque la imagen sin sonido es artificial. El sonido se encuentra en la naturaleza por todas partes, aunque sea a una frecuencia inaudible de tres hercios. El silencio absoluto es una utopía.

Por eso en la época del cine mudo se acompañaban las proyecciones de las películas con la música de una pianola, para que el público comprendiese y se emocionase con aquel nuevo lenguaje de imágenes en movimiento. El cine nació con vocación sonora. Pero no sólo la música instrumental, también los ruidos tenían cabida en el cine mudo, por lo que algunos exhibidores disponían de máquinas especiales para reproducir el sonido de las  tempestades, el galopar de los caballos, el trino de los pájaros… en una búsqueda obsesiva de realismo.

La música, dijo una flautista, entra por el oído y va al corazón.





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domingo, 12 de diciembre de 2010

EL FANTASMA DE LA LIBERTAD

Un Buñuel octogenario, que, en un ejercicio pleno de libertad creativa, moteja de estúpida a la clase acomodada, poniéndola, prácticamente, ante un espejo de feria. ¿Qué es la libertad, hasta dónde llega? Pregunta sin respuesta. El hombre persigue la libertad como a un fantasma, cree atraparlo, y sólo le queda un puñado de niebla en las manos. En “El fantasma de la libertad” cada personaje es desplazado por el siguiente, así las pequeñas historias, las chanzas, se van sucediendo… Critíca a la hipocresía, a la perversión, a la cortedad, al sinsentido religioso, a la vana moral… Entra uno y sale otro. Al final, una avestruz atónita mira al contracampo, dónde se situa el público. Imagino las risitas del fantasma de Buñuel, que lo ha vuelto a hacer.



(1974)

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jueves, 9 de diciembre de 2010

ESPAÑOLADA

A finales de los años veinte del cine español se buscaban líneas de producción que garantizasen rápidamente una buena acogida entre el público, sin que ello supusiese un gran riesgo empresarial, o sea: películas comerciales a la par que baratas. Buscándose géneros que conectaran con la sensibilidad popular y reduciéndose costes de producción (lo cual, en muchas ocasiones, afectaba a la factura del producto). Con lo que se pone el ojo en aquellos asuntos que ya habían demostrado sus probabilidades de triunfo en otros medios artísticos o del espectáculo, se adapta, en el caso de “La verbena de la Paloma”, la zarzuela al cine, o se tratan cuestiones tan sociales como el honor y el hambre en “La aldea maldita”, que bebe directamente del melodrama.
Y esa traslación de géneros al cine, ese afán de acercamiento y de agradar al vulgo, se convierte en punto de inflexión no superado y en paradigma del cine español actual. Véase el paralelismo entre títulos como “Fútbol, amor y toros” de Florián Rey, después de una obra maestra como “La aldea maldita”; y la contemporánea “Días de Fútbol”. O entre la “La verbena de la Paloma” y “Al otro lado de la cama”, sobran argumentos para pensar que el mayor defecto del cine español es el populismo, los tópicos, y la estereotipificación de tramas y personajes.


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