miércoles, 13 de junio de 2018

SIN AMOR

Dos horas y pico, un matrimonio ruso se separa, quieren rehacer sus vidas sin cargar con el hijo en común, al que están dispuestos a internar cuando desaparece y no lo encuentran. De telón de fondo la crisis de Ucrania. Oímos noticias por la radio, lo vemos por la televisión, hay en el aire una ligera esperanza de cambio político, que, fatalmente, no se produce. Un hijo es como una República. La moraleja: no se puede vivir sin amor. Una crítica a los padres de la patria.

Una primera parte prometedora, una fotografía que se mantiene extraordinaria y regular de principio a fin, no como el filme. En paralelo la vida de los progenitores, fuera de campo el hijo. El padre espera un bebé de otra relación, su miedo a que los jefes, católicos ortodoxos, se enteren del divorcio; la madre trabajadora, independiente, enganchada al móvil, a las redes sociales y al amante; el egoísmo de ambos. Detalles tan fabulosos como la escena en que la madre habla de que no quiere quedarse con el niño, y que tiene un ligue satisfactorio, mientras le depilan las ingles, por ejemplo; o la escena de cama de una embarazada. Un giro previsible, que cambia el rumbo de las cosas: la criatura de doce años no está casa. Antes lo hemos descubierto asistir a la pelea de los padres por no hacerse cargo de la custodia, creyéndolo dormido. La madre hace pausa y sale del salón protestando, va a mear, la vemos limpiarse, tirar de la cisterna, lavarse las manos, volver a la carga y cerrar la puerta acristalada para no despertar a nadie, y ¿a quién vemos justo detrás escuchando sin que lo vean? Todo en un plano secuencia tremendo.

A mitad de cinta, aproximadamente, una segunda parte, que cambia el rollo a género búsqueda de personas desaparecidas, tipo CSI. Una policía rusa desbordada, por usar un eufemismo, deriva la investigación y las tareas de rastreo a un grupo de voluntarios, liderados por un paternalista tecnócrata, que, a diferencia de Putin, sabe lo que hay que hacer, y cobra con ello protagonismo irrelevante en la historia, apartando a los padres. Léase: “los unos por los otros podemos hacer más de lo que harán las instituciones y el gobierno por nosotros”. Lo que ocurre en esta segunda parte no cambia, en esencia, el final de la película. No valoramos algo hasta que lo perdemos, y esa nostalgia nos acompañará siempre.

Una tesis de Andrei Zvyagintsev, que reclama la necesidad del cine denuncia. Por decirlo de algún modo, el autor levanta aquí la voz sobre la de sus personajes y subraya la metáfora visual de la decadencia por la que se conduce la sociedad rusa o, por extensión, por la que nos conducimos todos. Sin quererlo, convierte las ideas de su argumento en una propaganda. Esto falla en toda la segunda parte. Precisaba dicha tesis ponerse en cuestión en el conflicto de los personajes. Aunque tómese nota del aviso profético del director sobre que el capitalismo ha propagado la corrupción, que las relaciones humanas se han convertido en meras transacciones, que el narcisismo se ha apoderado de la gente. Eso pasa, está pasando, lo vemos proyectado en la sala de cine y cuando irrumpen en una oscuridad de butacas las azules pantallas de los móviles.
 
(2017)

miércoles, 6 de junio de 2018

EL TERCER ASESINATO

¿Quién dice la verdad? ¿A quién se juzga? Un abogado crédulo y un asesino reincidente y confeso, que se ha tomado la justicia por su mano. Los continuos careos que los enfrentan, separados por un cristal de seguridad, o por una verdad esquiva, que acabará confundiendo sus respectivos reflejos. La víctima, un empresario sin escrúpulos, que hacía negocios atentando contra la salud pública y abusaba de su hija. La reflexión de Koreeda sobre la justicia japonesa. ¿Qué ética tiene quien defiende a un asesino? ¿Merece alguien la pena de muerte? ¿Cómo manejamos el sentimiento de culpa? De fondo las relaciones entre progenitores y prole. En los tribunales no se llega a descubrir la verdad. Quizá esto no importe para dictar sentencia, o solo preocupe al espectador. Ésta es la tesis con la que juega el director y guionista de un drama legal plagado de incertidumbres, y de encrucijadas morales. Donde se emula el cine negro norteamericano de los años 50, y donde Koreeda y Mikiya Takimoto se alejan de esa fotografía naturalista, que caracteriza tanto a sus películas. Con un gran acierto del formato scope para retratar los planos de tres.

Desde el título, en la cinta no faltan razones abolicionistas de la pena de muerte. Una persona condenada podría no haberlo sido por otro tribunal menos rígido. Para proteger a la sociedad es suficiente la cadena perpetua. La incongruencia de que no se debe matar y que matamos para que no se mate. Nuestras obvias limitaciones como humanos nos impiden penetrar en los resortes más íntimos de las demás y no podemos saber, con total certeza, el grado de culpa y responsabilidad en que incurre el asesino. El error siempre es posible. ¿No debería ser la finalidad de toda pena la de corregir al delincuente para que pueda reintegrarse en la sociedad?

En la primera escena: exterior, noche, descampado, frontal a cámara, un tipo se acerca a otro y le asesta un golpe con una llave inglesa en la nuca. Luego lo rocía en cruz con gasolina y lo ve arder. ¿Quería robarle la cartera? ¿Qué ocurrió?

 (2017)

miércoles, 30 de mayo de 2018

120 PULSACIONES POR MINUTO

Durante años fueron marginados los enfermos de SIDA, y fueron numerosas las víctimas de esta arbitraria enfermedad. Según cuentan, la Toma de la Bastilla fue exagerada por los historiadores románticos, pero su importancia se debe a su valor simbólico. Esa es la alegoría que traza el cineasta Robin Campillo en la película “120 pulsaciones por minuto”. El empoderamiento del pueblo, el valor simbólico del activismo -a principios de los 90- de un grupo de jóvenes afectados por VIH. La perseverancia, el compromiso y la valentía que logran horadar los muros.

Un alegato contra la muerte, y una celebración de la vida. Homenaje a los que  cayeron y caen por esta causa. Narra el recorrido vital del ACT UP París en su lucha desigual por visibilizar la enfermedad, presionando al Goliat de las farmacéuticas, de las administraciones, tratando de educar y concienciar a la sociedad para actuar contra un problema que afecta a todos, y no permitir que nadie decida sus destinos.

Para crear tensión el filme muestra la cuenta atrás de linfocitos T4, leit motiv que redunda en el propio título de la cinta. Dentro del grupo surgen romances, y también conflictos. Se discuten los medios, y se justifican los fines. En el tono de lo políticamente correcto se emplea el verbo “follar” y se pone en entredicho el mito de que es una enfermedad que solo afecta a gays, putas, yonquis o gente de mala vida...  Roza el docudrama, pero Robin Campillo y su equipo, reflejan con notable habilidad y oficio el clima vivido en esas escenas asamblearias del ACT UP, donde debatían por un futuro, para muchos incierto. En contraste, aparecen las acciones exaltadas del grupo en la calle, que montadas en paralelo, consiguen un ritmo repetitivo y una estructura desequilibrada, allí donde los 143 minutos de metraje se fracturan en dos: la historia del colectivo, y la historia de amor y decadencia de dos de sus miembros.

Quizá Robin Campillo debió apostar por una visión menos efectista del montaje, e inclinarse por soluciones más personales. Lejos del peor Malick, aunque en este caso las metáforas planetarias deriven en imágenes de células, virús y motas de polvo, ese distanciamiento con el público, que constantemente persigue, podría haberlo mantenido, y, a la vez, acercar emocionalmente a los personajes. Como en la escena del último viaje a la playa de la pareja, narrado en planos generales de un día no muy soleado, donde todo tiene un tiempo más pausado. Vemos la enorme distancia que nos separa de los protagonistas, y la que hay ahora entre ellos. No ocurre ésto en todo el filme, la cantidad de información embutida en los diálogos y los objetivos poco claros (salvo políticos) de los personajes acaban diluyendo el drama. Queda una exposición de dinámicas sociales, un poso dialéctico, una propaganda de ideal democrático. Aunque, sin duda, es  una película de impacto positivo, que debería considerarse de lectura obligatoria en las  clases.

(2017)

miércoles, 23 de mayo de 2018

TIERRA DE DIOS

Free cinema y Brokeback Mountain, sin tantos prejuicios e hipocresía social de fondo como su referente. 

Un mozo toma el obligado relevo en las faenas de la finca familiar, cuando él es más de curdas y de sexo casual, conoce a un apuesto temporero extranjero, que le cambiará la vida. La típica historia romántica, pero entre muchachos de campo de pocas palabras. Con las tareas y los problemas comunes con el ganado, y no mucha higiene. Vamos, que después de ir a pelo y retozar en el pasto con excrementos, lo del condón que descubre la abuela es una licencia poética, que su director nos podía haber ahorrado. Cómo si las señoras de campo no se enteraran de la misa.
 
Pero volviendo al asunto del filme, éste cuenta lo difícil de enamorarse allí. El sitio está aislado en el norte de Inglaterra, y no puede uno alejarse y desentenderse de las bestias, así como así. Por eso somos como somos, las personas, lo hemos mamado de criajos, habemos crecido de la tierra. Una tierra abandonada de la mano de dios, pero vista con orgullo.

La tierra de Yorkshire ha encontrado quien la mire y la vea sin maquillajes. Un poeta que la diga, no que la cante, no que la ensalce, que la diga, la ame. Toda la película: un acto de amor y de esperanza hacia esa tierra, por el novel cineasta Francis Lee. Al que no le emociona la música (en eso somos iguales), y pone sus orejas y las del espectador en los sonidos naturales, y en lo que estos evocan. Preciosos paisajes sonoros en un amable y bonito relato sobre la aceptación de uno mismo y de los demás. 
 
Pero es cine romántico con mayúsculas: eso falla, o no. Según guste el género. Si te gusta irás varias veces a verla sin cansarte. Si no te gusta, mejor te comes un bocadillo tranquilamente fuera del cine.

Habría sido una estupenda trama secundaria en otra película, no sé, quizá con algo más de conflicto, no solo el generacional y el interno del protagonista. Más barreras que se sucedieran, aparte del ganado que muere, del miedo al compromiso, la supuesta incomprensión de la familia, o los ictus cerebrales del padre... Cosas, detalles, que faltan en un guión muy ópera prima. Por lo demás tiene una solvente puesta en escena, una fotografía que solo tropieza en la postproducción de color (hay primeros planos donde se han virado horriblemente los brillos y las sombras), además de una correcta dirección de actores, incluso en escenas complicadas, por lo que exponen. 

En general, una visión delicada sobre lo humano y la naturaleza. Cuyo único imperdonable es que le pongan la piel de un cordero muerto a otro, para que la oveja lo adopte, y que después de desollado no se coman al cordero. Como si el hombre de campo viviese de sopas de curry.


 (2017)

jueves, 17 de mayo de 2018

LA SEDUCCIÓN

Señoritas en una isla, las rutinas conventuales, sus espíritus en crisálidas. La pálida languidez de aquellas ajenas al horror, pero conscientes del ruido de fondo. Una soledad que las recluye. Los lazos y las disciplinas las mantienen a salvo, en el seno de una comunidad familiar, autónoma, auto-suficiente. Despiertan a la sexualidad, la reprimen, quieren abrirse a ella, la añoran, no saben que es. Las mueve la compasión, el deseo, el miedo, la curiosidad, cuando irrumpe el pirata Farrel en sus vidas.

Da igual que no sea un pirata, o un soldado confederado, o un agente del S.W.A.T. El seductor Colin Farrel por el que las niñas beben los vientos, te saca de la época, de la película. Hecho un pincel, ¿quién lo habrá caracterizado? Pero no ellas. Ellas te mantienen en la fábula: Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fannin, Oona Laurence... En esas estampas equilibradas, veladas, entre las frondas del bosque de Virginia (de donde sean las maravillosas localizaciones), la bruma, las paredes de un mausoleo y sus ventanales. Ellas recuerdan aquel grupúsculo fantasmal, reducto de hipocresía y alta cuna en la Indochina francesa, que invitaban a cenar a Martin Sheen (Willard) en una película de otro Coppola. Afortunadamente, los productores cortarían dicha secuencia del metraje oficial.

Íbamos por el revuelo que se monta, la decisión, el juego, los suaves algodones flotando por el aire, ¿lo entregarán a las autoridades?, ¿lo adoptarán como cobaya? Parece indefenso, pero es un macho del otro bando, no lo olvidemos. Pero parece un mueble, la pata de palo en alto. Claro está, en la segunda parte se descubre la máscara del cobarde. El peligro que representa para sus virginidades, no es de extrañar que el hombre se ponga bruto. Debe llevar estreñido desde su ingreso, tal es la idealización de los personajes. Muchachas que ni tienen, ni sabrán qué es la regla. ¿Dónde orinan?, no son humanos, o sólo en parte, la que le interesa a Coppola. Estereotipos, cartón piedra. Sabemos que comen, sienten, desean. Son contención, estilo, ahorro y lenguaje cinematográfico. La cosa funciona así. Y, ¿por qué dos personajes funcionan poniendo música de cámara, no sería económico eliminarlos del reparto?, ¿liberarlos de la angustia del adorno? Perderíamos ambiente, magia, el color de las notas. Un cuento bonito, pero cansa. El mérito de Coopola es una fantástica planificación de esta revisión feminista de “El seductor”. La moraleja del varón castrado y el empoderamiento de la mujer.

(2017)

miércoles, 16 de mayo de 2018

EN LA SOMBRA

La mancha de una bomba con otra bomba se quita.”

Los muertos y los heridos no son las únicas víctimas de un atentado. También las familias y los amigos, el grupo y, por extensión, toda la sociedad. Hacer cine de reflexión es mucho más que intentar contar una historia filosófica de un modo entretenido. Y donde digo filosófica, léase ética o política... Qué es lo que se debe o no se debe hacer, hasta dónde llegan las leyes, cuáles son los prejuicios de quienes ejecutan dichas leyes, y cómo, al final, el poder judicial no condena una injusticia... El filme cuenta el dolor por la pérdida, el duelo de una madre y esposa, y su descenso a los infiernos. Donde el conflicto la trastorna en lo emocional y en lo biológico. El móvil podría ser un ajuste de cuentas, la religión, el racismo, igual que podría ser cualquier otro odio, que alimente la sed de venganza. La premisa por todos sabida: el odio genera enormes espirales de violencia. Sobre la “ideología” que subyace en esta cinta del prometedor director Fatih Akin, decir, con decepción, que solo es una respuesta visceral a un problema horrible de la sociedad alemana, europea y global, desde hace mucho tiempo. Y decir visceral no deslegítima el mensaje, tan válido como pueda serlo aquel de Menahem Golan en The delta force.

Fatih Akin, se mueve entre las aguas del telefilme de sobremesa, el drama judicial y el thriller con pretensiones visuales. Y toda esa ambigüedad, tal vez, es lo que le hace confluir en lo ambiguo. El mar y sus brumas.

Desistido el suicidio, la protagonista solo desea que se haga “justicia”. Mucho antes, las propuestas de Fatih Akin, dejan de bucear en lo íntimo y humano, para volverse tendenciosas. Él mismo subvierte y estandariza el discurso, saltando de peli de autor con visión a epígono de Scorserse. Buscando, desde el minuto uno, que empatice el público, telegrafiando conclusiones, restando misterio e interés al personaje principal, y a los acontecimientos sucesivos. Lo reprochable no es que, desde el inicio, el espectador sepa cuál va a ser el final de la película, sino que, en última instancia, da igual que la protagonizara una espléndida Diane Kruger, como que hubiese sido Chuck Norris.


 (2017)


martes, 15 de mayo de 2018

HACIA LA LUZ

Europeización del cine japonés. Nueva ola francesa con final digno de Cinema Paradiso. Exceso de primeros planos cámara al hombro, muchos pasajes de caballos trotando pianísticas praderas, y lágrimas a degüello en la pantalla. Los japoneses que se retratan parecen más bien pieles rojas. Muy fotogénicos todos. ¿Se han quedado así de mirar puestas de sol? Una trama minimalista con la que uno se preguntará si necesitaba saber sobre el complejo de Electra no superado de la muchacha, para entender su atracción por el hombre maduro, que se está quedando ciego y ya no puede fotografiar atardeceres. Rechinan los diálogos cuando la protagonista intenta llamar la atención del hombre de manera insolente. Luego lo justifica la astuta guionista con él, que le dice a ella: te rechina el corazón. Y ella lo besa contra una puesta de sol de justicia. No por ello faltan detalles bonitos. A veces falla la planificación de cámara, con tres en escena, por ejemplo en el bar con los colegas fotógrafos, tomando unas cañas. O los planos contra planos, mal angulados, con la madre senil, que no recuerda la rivalidad con la hija por el padre. Luego hay mucha licencia poética, que funciona muy bien visualmente, pero narrativamente dices tú, sí, vale, ha visto con el rabillo del ojo las zapatillas al ladrón que le ha robado la Rolleiflex, después de no haber visto la laguna de vómito que lo hizo caer. Pero es que llega hasta el laboratorio donde el ladrón positiva unas fotos, que le enciende la luz en plena faena con luz roja de seguridad y decimos: dónde y cuándo adquirió el tipo técnicas ninja. ¿Después de haber lavado, secado y casi planchado chaqueta y pantalones en un lavabo público? Bueno, cosas así que sacan de la acción. Por lo demás, en la película, se ve lo que reza la sinopsis, no mucho más, lo del complejo que he referido.

La chica hace audio descripciones de películas muy graves, y los textos son criticados y alabados por personas invidentes. Este es uno de los detalles formidables del filme. Las reflexiones están muy bien. Quizá La escena más destacada sea en la que va a entrevistar al director, que le desbarata el final de la película dentro de la película. La presentación de la madre cuando están hablando de ella y aparece en el umbral de la puerta, también es estupenda.

Firma la cinta la solvente directora y guionista Naomi Kawase. Aunque, si no se oyesen un puñado de buenos diálogos en todo el metraje, por momentos recordaría a una publicitaria Coixet adaptando novelitas de Susanna Tamaro. Pero no llegan las manos a la cabeza. A pesar de la traducción del título: Hacia la luz, que retrotrae a aquella Caroline atrapada en el ruido blanco. A trozos, se deja ver. Y si alguien hiciese desaparecer al pianista ante nuestros oídos, mejor.

(2017) 

viernes, 16 de diciembre de 2016

SAGA STAR WARS


Una por una, las películas sólo pueden mostrar el debilitamiento de la fuerza.

(1977)

martes, 20 de octubre de 2015

ORÁCULO


En el futuro, para realizar una buena película hará falta tecnología de la NASA.

miércoles, 8 de julio de 2015

LOS RODAJES


Desde el punto de vista psiquiátrico, los rodajes cinematográficos no estarían muy alejados de las conductas observadas en enfermos mentales.

martes, 9 de abril de 2013

EL CUERPO

El cine español no para de demostrar, una y otra vez, que es mucho más de lo que sus detractores piensan ¿Qué opinarán de los continuados taquillazos del cine español? Veánse las últimas de Almodóvar o Alex de la Iglesia ¿Se les está dando más de una lección a las películas norteamericanas?

De la superflua reflexión sobre el cine de “autor” patrio, paso al filme de género, si se le puede llamar así.

“El cuerpo”, con un reparto “estelar” (Belén Rueda, José Coronado, Hugo Silva -por favor, vocalice- y Aura Garrido, entre otros.) nos trae una “increíble” historia de venganza, donde se le oculta al espectador el tema hasta el giro final. Mezcla thriller, drama, suspense, y una puntita de terror (no me la metas Oriol, que dirían sus productores). Además de aires románticos, para una de las películas más “sorprendentes” y de giros más “alucinantes” de los últimos tiempos. Lo de aires románticos supongo que lo digo por las segundas oportunidades que buscan sus protagonistas.

El macguffin: un bonito cadáver desaparecido del depósito. Referencias hitchcockianas, aplausos, “CSI, Las Vegas”, “Sospechosos habituales”… Hagan sus apuestas. Si, en aquella, Bryan Singer renovaba el thriller de los noventa, en ésta, Oriol Paulo lo pasa de vueltas ¿Cuántos policías hacen falta para dar un informe? En mi escena favorita, una de las tantas sobrantes del libreto, el sospechoso se traga un mensaje recuperado de un sucio váter. La versión norteamericana incluiría un chascarrillo del policía de turno o introduciría una publicidad de mentolados. En “El cuerpo”, Oriol no tiene ni humor para reirse de su propio efectismo.

Para colmo la fotografía de Óscar Faura no contrarresta esa puesta en escena tan “americana”, los encuadres más sobrios serían más adecuados al ritmo real de la narración. Porque no se puede tratar de hacer trepidante algo que no lo es. Faura tampoco renuncia a toda la pirotécnia disponible en el mercado para acercar la fotograría de “El cuerpo” a los estándares de Hollywood. Quizá, técnicamente, podría dar el salto al charco, como hicieran antes los maestros Ruíz-Anchía o Aguirresarobe, pero todo lo que consigue aquí, ahondando en los tópicos, es que el depósito de cadáveres, donde la policía retiene contra su voluntad al sospechoso y lo interroga a su manera, parezca de todo menos inquietante.

Me gustaría ser un troll del cine español, pero sólo opino de películas malas, que se hacen a imitación de otras, también malas y hollywoodienses.



(2012)


lunes, 26 de noviembre de 2012

FIN

¿Cómo dirigir a la pléyade de la teleserie española para que parezca una película de alumnos de escuela? En fin… (el título me suena).


¡Qué manera de mantener el suspense! Ni Shyamalan. Los peores diálogos desde que dejo la huella de mi culo en el hondón de las butacas, se dice pronto. “Carpe diem”, el decaimiento de la especie humana… Tras un rápido chispazo, la asistencia pasiva a lo forzoso. Y una pregunta en el aire, disyuntiva vital, ¿con quién te lo harías cuando las trompetas últimas...? ¿Quizá la puta, o la primera novia del instituto?

Son las 22:30 h. de un domingo… Pese a todo, la gente sabe que llegado el deceso se pararán los relojes, literalmente.

Al mejor estilo forense, toman con escrúpulo la muñeca del fiambre, entre el índice y el pulgar, levantándola, como si la mano y el antebrazo formasen una paloma muerta y apuntan: “hora del siniestro”, tal y tales minutos, según las agujas.

En Fin: un despliegue zoológico para la adaptación de una novela que no he leído.




(2012)

martes, 18 de septiembre de 2012

TODOS TENEMOS UN PLAN

"Todos tenemos un plan". Sábado noche. Invito a una amiga al cine. Delectación. "Pasillo y al fondo, por favor". Manías. En la pantalla nada mejor desde "Tú a Boston y yo a California". Premio Julio Alejandro al mejor guión para largometraje, de Ana Piterbarg. Es de imaginar que, Gerardo Herrero, avezado productor, estaba entre el jurado. Mis pensamientos más negros coinciden en un encuentro previo al fallo entre empresario y futura directora. Un dispendio: tres millones de dólares de presupuesto para una "opera prima"… Es lo que tiene leer a Simenon. Trato de borrar suspicacias absurdas de mi cabeza y de disfrutar de la proyección y de la compañía. Detalles superfluos, un montón de información biográfica de los personajes embutida en los diálogos. Sale la policía, guay, el momento el más indicado, de manual. Tal vez debí ofrecerme a comprar palomitas, qué poco detalloso. Típico interrogatorio con salpicaduras, luego nos olvidamos de la autoridad, ya hicieron su trabajo estético. El tipo al que buscan sigue fuera. Imagino a los maestros del género explorando la sutil línea que separa lo policíaco del melodrama de telenovela. ¿Y si le damos otra vuelta? Venga. No creo que sea buena idea. Pues sí, pasados de rosca. Un protagonista, ninguna motivación aparente, suplantación del hermano, quizá por codicia, o por una envidia infantil al objeto del cariño materno. ¿Acaso, un acto de misericordia, de cobardía? Conocemos del tipo que es un reputado pediatra, renuente a la adopción de un bebé, cosa que lo abocaría a la aburrida vida del hombre casado, propiciada y planeada por su señora. Y que este conflicto lo lleva a seducir a una joven, enamorada de su doble, usada como funda de su lengua, a la que hace prometer, de la noche a la mañana, una promesa de amor indisoluble. Por no hablar de alguien, a quién se le presupone un juramento hipocrático, y que tiene raptos de auténtico psicópata, envuelto en una trama caprichosa de secuestros y rencillas personales. ¿Qué tienen estos argentinos que se les va la fuerza por los diálogos? A favor: estupendas localizaciones, muy buen diseño de producción, trabajo de arte, construcción de decorados, integración de 3D, etc. El gancho: Viggo Mortensen, si no querías: dos tazas. Tengo que dar dos pequeños codazos a la butaca de al lado. "¿Qué te ha parecido?" En el fondo soy un tipo sensible, ni toda la lujuria me levanta de mi decepción cinéfila. Con las manos en los bolsillos, mirándome las puntas de las sandalias, me dejo convidar, dócilmente, a un helado.


(2012)

martes, 6 de marzo de 2012

MELANCHOLIA

El Armagedón según von Trier, con banda sonora wagneriana: Tristán e Isolda, Eros y Thánatos, Justine y Claire. Como un juego de bolos con la élite social. Siento melancolía y ya no sé de qué, que diría un romántico.

En lo visual, numerosos referentes pictóricos, que ahondan en el sentido de la muerte: Millais, Friedich, Brueghel… Melancolía es como aquel asteroide que acabó con la vida de los dinosuarios en la Tierra.

(2011)


TENIENTE CORRUPTO

Encarnación de las debilidades humanas, “Teniente corrupto” es el descenso a los infiernos de un personaje, sin posibilidades de redención. Un Harvey Keitel entregado: sus pujos y estados de frustración, dignos de los largos primeros planos, que Abel Ferrara le dedica. Dirección de arte y fotografía crean una ambientación decadente, con poca luz en interiores, apropiada para el relato. La cámara en mano añade tensión a los planos, y en el montaje se estiran los tiempos de éstos, alargando el sonido del fuera de campo. Ferrara juega con la iconografía religiosa y con los delirios del protagonista, para retratar su conflicto interno.

(1992)

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